Friday, June 15, 2007

Spanish Translation of Executive Summary of GTRC Report

Translation by Rocio Trinidad, graduate student in the Department of Cultural Anthropology, Duke University, and member of the Greensboro Truth and Reconciliation Commission Working Group of Duke University.

Translation of:
http://www.greensborotrc.org/introduction.pdf
Pp. 9-15 of the Executive Summary of the Commission’s Full Report (May 2005)


Fracasar en recordar, colectivamente, triunfos y logros, nos disminuye. Pero fracasar en recordar, colectivamente, injusticias y crueldades, es una brecha ética. Implica la falta de responsabilidad y de compromiso para prevenir la inhumanidad en el futuro. Peor aún, los fracasos en la memoria colectiva avivan el fuego del resentimiento y de la venganza.

- Martha Minow, “Memory and Hate”

En un país como el nuestro, combatir el olvido es una forma poderosa de hacer justicia. Estamos convencidos de que el rescate de la verdad sobre el pasado –incluso de una verdad tan dura, tan difícil de sobrellevar como la que nos fue encomendado buscar- es una forma de acercarnos más a ese ideal de democracia que los peruanos proclamamos con tanta vehemencia y practicamos con tanta inconstancia.

- Salomón Lerner Febres, Presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú, en el Prefacio al Informe Final


La identidad y el propósito de la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Greensboro (GTRC) siguen de forma consciente el modelo –aunque diferenciándose también- de diversas experiencias de comisiones de la verdad alrededor del mundo, que han trabajado en “desenterrar” la verdad acerca de errores anteriores y en correr el velo de una larga negación e indiferencia hacia las personas que han sufrido el daño y la privación de sus derechos. Este capítulo examina la idea de comisión de la verdad que sirvió como fuente de inspiración para el Mandato de la GTRC, explorando aquellas cosas que tiene en común y que comparte con otras comisiones, los valientes precedentes que hemos encontrado en nuestro país y las diferencias que hacen del nuestro un proceso único.

Aspectos en común con otras comisiones de la verdad

Con frecuencia, existen enormes presiones políticas y sociales, o presiones que provienen de intereses de grupos específicos o individuos, para dar vuelta a la página y dejar el pasado atrás, en nombre de la paz o de la reconciliación. Sin embargo, la experiencia nos dice que, generalmente, esto no hará que los recuerdos dolorosos disminuyan ni permitirá a la sociedad exigir efectivamente el reconocimiento de la igualdad de derechos para todos. Por ejemplo, en España -un país frecuentemente citado como el paradigma de una democracia exitosa que eligió no mirar atrás, hacia la guerra civil y la dictadura de Franco que le siguió- los nietos de las víctimas están ahora presionando para que se llenen los vacíos de la historia oficial nacional, la cual no dice nada acerca de los abusos masivos y los crímenes sistemáticos que sucedieron. Por su parte, el gobierno canadiense ha reconocido recientemente la necesidad de documentar la verdad y otorgar reparaciones a los supervivientes del sistema de la Escuela Residencial India, que extrajo por la fuerza a niños aborígenes de sus hogares, familias y cultura, y los sujetó a abusos físicos y sexuales durante un periodo de cien años, entre los siglos XIX y XX.

Desde 1974, cuando se cree se reunió la primera comisión de la verdad en Uganda, hasta el 2005, cerca de 40 comisiones han reunido testimonios de víctimas y de testigos, de perpetradores y de observadores, y han revisado informes escritos y otras evidencias. A través de sus reportes, estas comisiones de la verdad -con mayor y menor grado de éxito- presentaron las más profundas y honestas narrativas acerca de los hechos violentos en sus historias nacionales. Y es a partir de estas experiencias que podemos hacer algunas afirmaciones generales acerca de las comisiones de la verdad.

Generalmente, cuando la gente habla de comisiones de la verdad, se refiere a organismos temporales, conformados oficialmente, autorizados o empoderados por el estado. Su naturaleza no es jurisdiccional y operan independientemente del gobierno y de otras influencias externas. Usualmente, se crean en el contexto de algún momento de transición política, concentrándose en el pasado e investigando patrones de abuso que han ocurrido en el tiempo, comúnmente referidos a violaciones de los derechos humanos. Típicamente, las comisiones de la verdad completan su trabajo con la presentación de un informe final que contiene conclusiones y recomendaciones.

Uno de los ejemplos más conocidos es la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sudáfrica, autorizada por ley en 1995. La CVR se creó precisamente dos años antes de una nueva constitución y marcó el inicio de la democracia para un país desgarrado por la injusticia y por la violencia del apartheid. La Constitución proclamó la necesidad de construir “un puente histórico entre un pasado de profunda división social, caracterizado por la contienda, el conflicto, el callado sufrimiento y la injusticia; y un futuro fundamentado en el reconocimiento de los derechos humanos, en la democracia, en la coexistencia pacífica y en las oportunidades de desarrollo para todos los sudafricanos, sin restricción de raza, color, clase, creencia o sexo". En un pasaje frecuentemente citado y que resume la premisa esencial de la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sudáfrica, la constitución sudafricana afirma: “Existe una necesidad de entender, pero no de venganza; una necesidad de reparación, pero no de revancha; una necesidad de ubuntu, pero no de victimización”.

La CVR sudafricana mostró al mundo la realidad de los horrendos abusos infligidos a miles de víctimas. A través de audiencias públicas, los familiares, las víctimas y los perpetradores dieron voz a sus experiencias sobre la violencia contra los individuos, que fue parte del apartheid. La CVR publicó un amplio informe en 1996 que contiene el peso acumulado de miles de testimonios, historias que tomadas en conjunto tornan imposible negar los patrones y estructuras subyacentes en las atrocidades, cometidas tanto por el estado contra la gente que se levantó contra el apartheid, como por quienes asesinaron en nombre de la lucha por la liberación.

Otras comisiones de la verdad han operado en Argentina, Chile, El Salvador, Guatemala, Perú, Timor Oriental, Ghana, Sierra Leona y Marruecos, por nombrar algunos de los más prominentes ejemplos. Mientras estas comisiones de la verdad fueron creadas mediante una norma legal o alguna clase de decreto ejecutivo, la GTRC no está sola en la búsqueda de la verdad desde una posición no oficial. Como ha observado Louis Bickford, del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ), tales comisiones “son ‘no oficiales’ en el sentido que surgen y se mantienen localizadas en la sociedad civil. Ellas son ‘proyectos de verdad’, en el sentido que comparten con las comisiones de la verdad la lógica de que confrontando el legado de los abusos contra los derechos humanos y las atrocidades, y elucidando la verdad sobre el pasado, las sociedades pueden construir futuros más justos, más estables y más democráticos”.

Algunos procesos no oficiales de búsqueda de la verdad han sido similares a los grandes esfuerzos oficiales y han surgido ocasionalmente por la falta de confianza en la búsqueda oficial de la verdad. El Proyecto de Rescate de la Memoria Histórica de la Iglesia Católica (REMHI) en Guatemala reunió información de miles de victimas y testigos a través de redes comunitarias. La Iglesia inició este trabajo previamente a aquel de la oficial Comisión de Clarificación Histórica, que algunas personas temieron podría debilitarse por la restricción en su mandato que requería no citar nombres. En la comunidad de Ardoyne, en Irlanda del Norte, las familias de las víctimas decidieron grabar los testimonios de aquellos afectados por la violencia en su comunidad, debido a que no estaban satisfechos con las investigaciones oficiales sobre la serie de asesinatos que dejó casi cien personas muertas en una pequeña comunidad de Belfast del Norte, entre 1969 y 1998. En Brasil, abogados y grupos de derechos humanos trabajaron juntos con la Iglesia Católica para copiar documentos que mostraron los abusos a gran escala, abriéndose paso a través de lo que había sido el silencio oficial sobre tales crímenes.

Las Comisiones de la Verdad no se limitan necesariamente al contexto de un marcado trastorno político. En Australia, por ejemplo, se estableció una Comisión, hace sólo una década, para examinar la política de mudar a los niños aborígenes de sus hogares a fin de ser escolarizados en la cultura inglesa, lejos de su propia cultura, comunidades y familias. Ese informe, denominado “De Regreso a Casa: Informe de la Investigación Nacional de la Separación de Niños Aborígenes e Isleños del Estrecho Torres de sus Familias”, permitió que los esfuerzos de la reconciliación resuenen en toda Australia. El 26 de mayo de 2000, aproximadamente 250,000 personas salieron en una marcha a través del puente del Puerto de Sydney para apoyar el proceso de reconciliación en el Día Nacional del Perdón. Esta conmemoración anual continúa, a pesar de que muchas recomendaciones aún siguen esperando una respuesta.

Todas estas comisiones -sean oficiales o no, emerjan de nuevas democracias o de unas ya establecidas- cuentan una versión de la historia que incluye las voces y experiencias de las víctimas, reconocen su condición de seres humanos y sus derechos, y buscan llegar a determinar el abuso en sus múltiples dimensiones. Las comisiones de la verdad pueden ayudar a superar los falsos criterios y los mitos acerca del pasado e identificar las políticas y prácticas sistemáticas que se hallan en el corazón de los abusos. Frecuentemente, los gobiernos afirman que la tortura, por ejemplo, ha sido el trabajo de “algunas pocas manzanas podridas” al interior de las fuerzas de seguridad. Esto fue lo que aseveró el ex presidente F. W. De Klerk en Sudáfrica; pero su versión de la historia no pudo sostenerse frente a los miles de casos atendidos por la Comisión, que mostraron lo contrario.

Examinando los patrones de abuso, las comisiones de la verdad pueden ayudar a los países a determinar la dimensión de lo que sucedió, pudiendo esto último no aparecer como un problema en tanto no sea de conocimiento público. Por ejemplo, en Perú, la información que reunió la CVR a través de casi 17,000 manifestaciones voluntarias permitió estimar que cerca de 70,000 personas habían muerto o desaparecido en un periodo de 20 años, a manos de miembros de las fuerzas de seguridad del estado y de los grupos insurgentes, número que era casi el doble de la cifra estimada antes del trabajo de la Comisión. La información acerca de la escala o de la profundidad de los abusos pueden permitir otras conclusiones también. Cuando el Presidente de la Comisión de la Verdad, Dr. Salomón Lerner Febres, presentó el informe final al Presidente del Perú, dijo que se había revelado un doble escándalo: “el del asesinato, la desaparición y la tortura masivos, y el de la indolencia, la ineptitud y la indiferencia de quienes pudieron impedir esta catástrofe humana y no lo hicieron”.

De esta forma, las comisiones de la verdad pueden ayudar a las sociedades a entender cómo tales situaciones sucedieron y qué debe cambiar para evitar abusos en el futuro. En Guatemala, la Comisión de Clarificación Histórica exploró una larga historia de marginación hacia la población indígena como parte de un contexto que explicaba sus descubrimientos acerca de que las fuerzas estatales guatemaltecas habían cometido genocidio contra la población maya en zonas específicas del país. Las elites políticas del país, en su mayor parte, aún no han aceptado esta conclusión, pero el genocidio es ahora una parte aceptada del debate acerca del pasado.

Finalmente, las comisiones de la verdad pueden empezar a construir confianza entre los grupos y a través de las divisiones entre autoridades y ciudadanos, especialmente cuando sus informes son reconocidos y tratados con respeto por las autoridades. En Chile, el presidente hizo público el informe de la Comisión de la Verdad a través de un discurso televisado en el cual, hablando en nombre del Estado, pidió perdón por las víctimas, haciendo hincapié en la necesidad de que las fuerzas armadas (responsables de la mayoría de los abusos) “hagan gestos de reconocer el dolor que han causado”. Este acto, junto al programa de reparaciones y, eventualmente, los procesos contra el ex dictador, General Augusto Pinochet, ayudaron al país a dirigirse hacia una curación y una democracia más sólida. En Argentina, el informe de la Comisión Nacional de Desaparecidos (CONADEP) se convirtió en un best seller y ayudó a incrementar la conciencia sobre los abusos cometidos en el país durante la “guerra sucia”.

Seríamos negligentes si no aceptáramos que no todas las comisiones de la verdad fueron inmediatamente exitosas ni generaron un camino directo hacia la reconciliación, el cual es un proceso de largo plazo y frecuentemente difícil. Que la verdad provea un fuerte cimiento para la confianza y un compromiso de respeto hacia todos, no es un resultado garantizado. Tal como afirma Martha Minow, “ninguna institución humana es perfecta… las comisiones de la verdad pueden ser demasiado tibias, no muy efectivas, reuniendo testimonios de sobrevivientes frecuentemente silenciados”. Al mismo tiempo, estaríamos equivocados si cayéramos en la tentación de afirmar que la justicia criminal o las reparaciones por sí mismas, saldan eficientemente las cuentas con el pasado. Como la misma autora observa, “los juicios internacionales a los criminales están entrelazados con las disputas políticas, las acusaciones selectivas, las limitaciones de evidencia admisible y posible de descubrir, y los peligros de una justicia politizada (por ejemplo, los procesos domésticos pueden poner en compás de espera de manera indefinida, aquello en lo que el terror ha sido más efectivo) . El riesgo de las reparaciones es que trivializa las atrocidades, centrándose en el dinero, cuando este nunca va a redimir el pasado”.

Mientras que las comisiones de la verdad pueden lograr muchas cosas que ayuden a unir a un país – o a una comunidad- en camino a un futuro más sólido y más respetuoso, también es importante reconocer que las expectativas hacia ellas pueden ser muy altas. Ningún organismo temporal puede dirigir o redirigir adecuadamente las divisiones estructurales que afectan las relaciones económicas y de poder en una comunidad, aunque pueden ayudar a identificar las razones que explican el cambio estructural y señalar el camino. Las comisiones de la verdad en general, y la GTRC en especial, pueden ser vistas más realistamente como parte de un gran esfuerzo para alcanzar la justicia social, y pueden tener el mayor impacto cuando están acompañadas de estrategias en el proceso o logran llevar a cabo reformas dirigidas hacia las inequidades y a profundizar la democracia. En algunos casos esto toma años y aún generaciones; cuando las autoridades están interesadas y se sienten responsables en el conocimiento de la verdad, los cambios pueden darse más rápidamente.

La GTRC ha tenido la oportunidad de conocer y tener comunicación con un gran número de personas asociadas a comisiones de la verdad alrededor del mundo. Hemos quedado sorprendidos por el interés que han tomado en nuestro pequeño proceso. De ellos hemos aprendido el valor de tomar declaraciones a un amplio rango de personas, el efecto positivo de comprometer al público a través de audiencias y foros de discusión, y, sorprendentemente de manera frecuente, qué esperar en términos de retos y oportunidades a medida que se avanza. Pero quizás más que todo, la GTRC aprendió que no estamos solos en el objetivo de revelar la verdad acerca del pasado; por el contrario, hemos conocido un mundo en el cual mucha gente está desafiando a historias distorsionadas o incompletas acerca de pasados abusos y violencia, las que continúan sembrando desconfianza y aún odio en nuestras comunidades hoy en día. Adaptando la idea de comisión de la verdad a nuestras propias condiciones, hemos sido capaces de hallar inspiración y consuelo en lo que parece ser una tarea actualmente imposible pero que, de hecho, se puede lograr. A lo largo del camino alcanzamos un entendimiento más profundo de lo que una comisión de la verdad en Greensboro podría añadir a nuestra historia.

Precedentes en los Estados Unidos

Creemos que es importante reflexionar un momento acerca de la importancia de las precedentes búsquedas de la verdad que se han dado en los Estados Unidos. No hemos tenido la oportunidad ni el tiempo de conocer a personas de todas esas distintas experiencias, pero hemos recibido inspiración de muchas de ellas, y aquí rendimos tributo al espíritu de búsqueda de la verdad en cualquier lugar de este país. Estos valiosos precedentes nos recuerdan que debemos aprender acerca de la historia de violencia que ha sido frecuentemente ignorada, negada y distorsionada en los Estados Unidos.

Un ejemplo, que investigó una parte importante de la historia de Carolina del Norte, fue la Comisión para los Disturbios Raciales de Wilmington. Esta Comisión, auspiciada por el gobierno, examinó los eventos de 1898 en el cual grupos racistas blancos removieron a un gobierno “fusionado” que incluía afroamericanos, desatándose un vendaval de furia y violencia en la ciudad de Wilmington, durante el cual se quemó un diario dirigido por un afroamericano -quien tuvo que dejar la ciudad para salvar su vida- y se mató a un gran número de ciudadanos negros, cambiando el escenario político en el estado durante las décadas que siguieron. El informe de esta comisión fue publicado en borrador en diciembre de 2005. Casos similares de devastación fueron examinados por comisiones históricas que estudiaron los Disturbios Raciales de Tulsa de 1921 y los eventos de 1923 en Rosewood, Florida. Cada uno de estos organismos oficiales tenía la responsabilidad de examinar eventos y crear un registro histórico que pudiese romper la visión histórica de un solo lado y que ha sido considerada “la historia oficial”. A todas estas comisiones se les solicitó la formulación de recomendaciones, incluyendo algunas medidas de reparación para los afectados. Ellas difieren de la GTRC y de la mayoría de comisiones de la verdad en el tiempo transcurrido entre los eventos y el momento de las investigaciones, pero comparten nuestra preocupación por revelar las formas en las que el racismo y la violencia, los privilegios económicos y las clases sociales, han convergido en el desgarramiento de las comunidades afroamericanas en particular.

Estos no son los únicos ejemplos de búsqueda de la verdad en los Estados Unidos, ni los únicos contextos en los que las comisiones han operado. Por ejemplo, en el nivel nacional, una comisión gubernamental especial investigó el internamiento de japoneses americanos durante la Segunda Guerra Mundial y el President Clinton formalmente pidió disculpas a las víctimas de los experimentos contra la sífilis en Tuskegee y autorizó un monto de reparación sobre la base del informe de tales abusos. También, en una reconstrucción del linchamiento de 1946 en Moore’s Ford, en el Condado de Walton, Georgia, los ciudadanos locales llegaron a la verdad en una forma dramática. Estos y otros esfuerzos, que han tenido lugar fuera de un proceso formal de una comisión de la verdad, también nos han inspirado. Compartimos con todos estos esfuerzos nuestro profundo compromiso de exaltar la verdad en este país, aunque sea dolorosa para nosotros.

Respondiendo algunas críticas y preguntas

Hemos notado que muchas personas han cuestionado la idea de una comisión de la verdad en una comunidad norteamericana. Algunas personas han dicho que la GTRC es un uso equivocado de un modelo utilizado básicamente para casos masivos y generalizados de abusos contra los derechos humanos. Muchos han dicho que comparar los asesinatos en Greensboro en 1979 con el apartheid en Sudáfrica es una comparación forzada y que ambos casos no tienen nada en común. Sin embargo, hemos descubierto las similitudes en las preguntas del proceso y en los problemas subyacentes.

Más allá de una diferencia en la escala, mucho de lo que la GTRC ha tenido que revisar es similar a los incidentes ocurridos a nivel local en Sudáfrica, donde individuos parecidos a miembros del Ku Klux Klan o del partido Nazi utilizaron la raza como una razón para tratar a otros como menos que humanos. También hemos encontrado relación entre Greensboro y experiencias locales en Perú, donde la economía y la raza marcaron el terreno de la vulnerabilidad a la violencia y a la indiferencia. Los asesinatos de Greensboro en 1979 comparten con las tragedias internacionales el dolor experimentado por los sobrevivientes, el impacto sobre otros directamente envueltos en la violencia y la naturaleza no resuelta de estos eventos.

La GTRC no cree que la tragedia de Greensboro pueda ser comparada con los miles de asesinatos y desapariciones promovidos por el estado en lugares como Sudáfrica o Perú, o el masivo desplazamiento, esclavitud, hambruna, tortura y violación de la población femenina en Timor Oriental producidos bajo la ocupación indonesa. Pero, como ha indicado el Presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Perú en su Prefacio al Informe Final, si bien es cierto los números son impresionantes, son insuficientes: ellos no explican las inequidades, ni la responsabilidad por lo sucedido, o las formas en las que el horror fue infligido a la población peruana. Las estadísticas tampoco ilustran el sufrimiento de las víctimas. Es este retrato humano en el nivel local el que en muchas formas puede ser comparado con la exploración, por parte de la GTRC, de las restricciones a las organizaciones laborales, el anticomunismo y el racismo arraigado, que son en parte responsables de lo que sucedió el 3 de noviembre de 1979.

Nos han preguntado por qué un mecanismo como el de la Comisión de la Verdad sería aplicable a los Estados Unidos, donde no hay una evidente transición política en camino, donde funciona el sistema judicial y donde existen medios de comunicación muy activos. Creemos que, mientras algunas transiciones son dramáticas, como aquellas de países que emergen de una guerra civil o de un periodo de gobierno represivo, otras son más sutiles. En Greensboro, creemos que este esfuerzo surge de la voluntad por una transición honesta, de una ciudad menos respetuosa y menos tolerante a una más democrática y más inclusiva. Como ha observado Lisa Magarrell, de la ICTJ, “cualquier cambio hacia un mayor respeto para todos los ciudadanos de una comunidad puede ser visto como una transición, que puede ser ayudada por la verdad”.

La GTRC reconoce que, para muchos en nuestra sociedad y en nuestra comunidad, el sistema de justicia y los medios de comunicación son usualmente confiables y garantizan de forma suficiente el respeto a los derechos y las vías para descubrir la verdad acerca de eventos y de las personas involucradas en estos. Ello no es necesariamente cierto para todos. Aún para aquellos sectores que pueden confiablemente poner su fe en el sistema de justicia y en los medios, estas instituciones no son siempre adecuadas para una tarea inmediata. Los procesos judiciales son importantes y algunas investigaciones civiles y criminales sobre eventos del pasado de nuestro país continúan. Creemos, por ejemplo, que el exitoso proceso en Mississipi contra Edgar Ray Killen por el asesinato de tres activistas de los derechos humanos en 1964, fue un evento importante. Sin embargo, incluso cuando se obtiene una condena, las limitaciones de una sala de justicia y los elementos específicos de un crimen dado no pueden decirnos toda la historia de lo que pasó y de quienes estuvieron involucrados. Una comisión de la verdad como la GTRC puede buscar más ampliamente en las causas, el contexto, las consecuencias y los roles de otros actores, que pueden no haber violado la ley pero cuyas acciones o errores en sus actos jugaron un importante papel.

Asimismo, el honesto periodismo de investigación, tanto como otros, se preocupan por informar al público a través de películas documentales, obras de teatro y otras expresiones artísticas; son esenciales para nuestra democracia y para exaltar la verdad. Pero aún un libre y vigoroso medio refleja las opiniones y sesgos de su tiempo y, en gran medida, los intereses de sus dueños. Una mirada hacia atrás, hecha años después por una comisión de la verdad, puede revelar una historia diferente a la contada originalmente por un medio. También creemos que una de las fortalezas de la comisión de la verdad es que hemos sido capaces de comprometer a muchos miembros de la comunidad en el proceso de buscar y tratar la verdad, de una manera que es muy diferente a la casual o momentánea atención que se le puede dar inclusive al mejor informe.

Algunos en Greensboro han cuestionado el rol que los sobrevivientes del 3 de noviembre de 1979 han jugado en la creación de la GTRC. Indagando en las experiencias de otras comisiones alrededor del mundo, incluida la de Sudáfrica, la cual ha ganado mucha atención y credibilidad, hemos observado que aquellos más afectados – acompañados por otros que comparten sus preocupaciones – han sido, casi sin falta, la fuerza de empuje tras las iniciativas de búsqueda de la verdad. Las comisiones de la verdad se orientan hacia las víctimas y son capaces de ofrecer una salida para las personas afectadas, para que cuenten sus historias y sean escuchadas en un nuevo escenario, con nuevas posibilidades para su comprensión. Pero no estamos predispuestos a favor de las víctimas: operamos independientemente de la influencia de ellas y de sus partidarios. Inteligentemente, aquellos que diseñaron nuestro mandato previeron que solo seríamos capaces de buscar la verdad de todas las fuentes, si es que fuésemos creados a través de un proceso de selección independiente. De alguna manera, estamos incluso menos engrilletados que las comisiones “oficiales”, las cuales pueden sentirse presionadas por las autoridades aún cuando fueren nominalmente independientes.

Otros han criticado nuestro mandato y han sugerido que no podemos operar como una comisión de la verdad, porque no tenemos el poder para compeler a las personas a testimoniar o para la producción de evidencias. Es verdad que esta fue una limitación, pero es compartida con un gran número de otras comisiones de la verdad, incluyendo la de El Salvador, Guatemala y Perú. Y allí donde han habido comisiones con más poder, frecuentemente no se ha usado la compulsión. Mas bien la persuasión moral ha jugado un poderoso rol, como lo ha tenido aquí, moviendo a las personas a avanzar.

Hemos demostrado este poder llevando a la mesa, contra muchas predicciones de lo contrario, no solamente ex-comunistas, sino también a ex miembros del Klan y Nazis, residentes del barrio de Morningside, oficiales de policía, jueces, abogados, oficiales civiles, periodistas y ciudadanos de todas las partes de la ciudad. En palabras de un abogado, hemos demostrado que este proceso puede “empezar a derretir el hielo” al interior de muchos en esta comunidad que han estado congelados y no se mostraban capaces de llegar a los otros.

Esta comisión, como muchas otras, es también incapaz de obligar a nadie a implementar sus recomendaciones. Muchas comisiones de la verdad, inclusive las oficiales, asumen su labor sin el compromiso previo de que sus recomendaciones sean puestas en práctica inmediatamente. Mas bien, las comisiones de la verdad tienen, como premisa, la creencia de que la naturaleza obligatoria de la verdad y las recomendaciones bien fundamentadas ayudarán a las comunidades a tratar con esa verdad, y a cambiar en una nueva y más sana dirección. Como lo comentamos en otra parte de este informe, procuramos hacer una significativa contribución, y esperamos que la comunidad en general y sus autoridades consideren, debatan e implementen nuestra valoración en la medida de sus necesidades.

Creemos que existe un derecho a la información – un derecho a la verdad acerca del 3 de noviembre de 1979, y sus causas y secuelas – que nosotros como ciudadanos de una comunidad y de una nación deberíamos proteger y honrar. Encontramos que es un deber recordar no solo lo bueno de nuestra historia, sino también nuestros momentos de vergüenza; en consecuencia, podremos aprender de ellos y buscar hacer lo mejor por nuestra comunidad en el futuro.

Los Estados Unidos se ven a sí mismos frecuentemente como un país libre de abusos a los derechos humanos, que se entienden como usualmente llevados a la luz cuando las naciones emergen de un conflicto o de un gobierno represivo. Pero creemos que es importante reconocer que la impunidad y la injusticia también existen en casa.

Esperamos que nuestro modesto examen de un difícil capítulo en la historia de Greensboro, y cómo aquellos eventos le dieron forma a la comunidad de hoy, puedan servir como un profundo y oportuno recuerdo de la importancia de afrontar los eventos vergonzosos con honestidad y reconociendo las brutales consecuencias de los cambios políticos, la ceguera calculada y la ignorancia pasiva. Mientras la GTRC reconoce las diferencias entre la historia de Greensboro y los abusos tratados por otras comisiones de la verdad, compartimos una inspiración común: que la verdad acerca del pasado pueda ayudarnos a construir un mejor, más justo y más inclusivo futuro.





Translation posted June 2007.

Friday, January 26, 2007

Sit in @ the sit in...February 1st

February One: Film and Discussion

Lessons from Greensboro for the nation on Separation, Activism, Violence, Change and Healing

Join us on the beginning of Black History Month, February 1st, 2007
in Von Canon A at the Bryan Center Duke’s West Campus

Noon-1pm: Film February One-The Story of the Greensboro Four
Introduced by Prof. Robert Korstad, Public Policy and History

1pm-2pm: Discussion with Cynthia Brown, Greensboro Truth and Reconciliation Commissioner, principal consultant to The Sojourner Group, former Durham City Councilwoman, and a 2002 candidate for the US Senate.

LUNCH PROVIDED


On February 1, 1960 dressed in their Sunday best, four 17 and 18 year old men sat down at the Woolworth’s lunch counter in Greensboro, NC. They were refused service. Within just a few days, students were sitting in at lunch counters in 54 cities around the South.

The movement to undo separate accommodations for blacks and whites hinged on the courageous acts of four college students that day, and became an important part of the Civil Rights Movement. On February 16, 1960 Martin Luther King came to Durham, in support of those sitting down at our downtown Woolworths counter as well as many others.

***
On November 3rd 1979 Klan and Nazi members killed five labor organizers at a rally. Twenty years later, in 1999, Greensboro made history by becoming the first community in the United States to employ the Truth and Reconciliation model, made famous in South Africa, as a way of addressing past wrongs and moving from a past of racial injustice and prejudice violence to a positive future that includes a collective ownership of the past.

Sponsored by:
The Greensboro Truth and Reconciliation Commission Report Working Group
, http://duke-greensboro.blogspot.com
For further information contact Gretchen Bellamy at gretchen.bellamy@law.duke.edu.

Co-Sponsored by: African and African American Studies Department, American Constitution Society, Black Graduate and Professional Students Association, Black & Latino MBA Organization, Bouchet Society, The Center for Race Relations, The Concilium on Southern Africa (COSA), Duke Bar Association, Duke Human Rights Coalition, Duke Human Rights Initiative, Human Rights Working Group, Law School Office of Pro Bono & Public Interest, The Living Policy Forum, and Public Policy Studies.

Mission Statement

As a group of Duke students, faculty and staff, we are working to attract
attention to the Greensboro Truth & Reconciliation Commission Report, the
process behind it, its relevance to Duke, its significance for race and class
relations in the contemporary South, its place in academic, activist and
community debates about the role and achievements of TRC institutions, and the role of entrepreneurial borrowings across the human rights movement (ie Greensboro learns from South Africa).

Tuesday, January 16, 2007

Next Steering Committee Meeting: Jan. 22nd

Our first meeting of this semester (on January 11th) persuaded us never to meet in Rubenstein again.

So the second meeting is in Sanford Rm 102. This is the seminar room on the right of the entrance if you come in from the circle side of Sanford.

Monday Jan 22nd--7:30-9:30 it is.

Any volunteers to chair this meeting?

We'll be finalizing plans for February 1 showing of the documentary of that name on the Greensboro 4 followed by a discussion with former GTRC Commissioner, Cynthia Brown.

We'll be taking next steps for our Wednesdays at the Center panel on Feb. 28th.

And we'll be conceptualizing our March and April plans.

Please come if you can.

Wednesday, November 15, 2006

Friday 11/17-"Framing Diversity" Brown Bag Lunch Movie

As we discussed last night, the GTRC offered two specific recommendations in furtherance of what it calls "citizen transformation/engagement." The second one reads as follows:

"Individuals, like institutions, can benefit from anti-racism and diversity education programs, and we encourage people to take advantage of pre-designed programs they first evaluate for both breadth and depth. Unless individuals learn based on an alternative analysis of the society we live in and unlearn biases and misinformation at the same time, many diversity programs may become mere 'Bandaids' rather than solutions. The following questions should be asked of any such program: Does it provide an historical perspective on power, privilege, oppression, and economic and social injustice? Do people learn about various manifestations of racism, classism, sexism, and other forms of oppression? Are participants given the opportunity to examine their individual roles?"

As it happens Duke's Office for Institutional Equity is "using the power of film to engage employees in dialogue about issues of diversity and inclusion in the workplace" this semester. While this is not a self-described "anti-racism and diversity education program," it may offer us some insight on what Duke is doing in this general realm.

The GTRC encourages us "first" to evaluate any particular program for its breadth and depth, using particular questions. I like the idea of doing this empirically with a subset of us who are interested and have the time to eat lunch together this Friday.

The movie showing this month is "The House We Live In." The article advertising this event says it "explores how society's institutions shape our understanding of race and the opportunities available to different groups."

Place: 402 Oregon St, Shaner Classroom
Time: this Friday 11/17 at noon
Carpooling: we can meet at the circle at Public Policy to carpool together
Required registration: the article asks that we go to www.duke.edu/web/equity and select "calendar" to register for a workshop

For the full article, go to this month's Working at Duke newsletter page 4:
http://www.hr.duke.edu/workingatduke/

Save the Date-Next Meeting is Tuesday Dec 5

At last night's reading club we saved Tues Dec 5th as our last meeting for the semester.
Same time: 7-9 pm.
place: TBA

We agreed to peruse the annexed "reflections" of the Commissioners. To read these go to:
http://www.ictj.org/en/news/features/947.html

scroll down to:

Annexes

Commissioners, reflections and concurring opinion

Platform for "competing narratives" as Troubleshooting

South Africa's Mail and Guardian newspaper today covered the release of a UN report that reminded me of last night's conversation and especially Ajulo's thoughts on a US-Iraq TRC. The report chooses to highlight one notoriously complex and intractable conflict for special attention. Notice too how truth is conceptualized here as "dispassionate and objective" while also plural. The group attempts to provide a "model" for mutual respect. It seems it has an analysis of power and privilege that would resonate for Commissioner Cynthia Young (based on her annexed "reflection" in the GTRC report). I found most interesting the suggestion that one "practical political" solution would be a White Paper that created a platform for "competing narratives" to be articulated and considered ("expressed and heard").

Here are the relevant excerpts:

"The report was prepared by the High-Level Group of the Alliance of Civilisations, an initiative launched in 2005 by [Secretary General Kofi] Annan and co-sponsored by Spain and Turkey. Its aim is to respond to the broad consensus across nations, cultures and religions that all societies are interdependent, bound together in their development and security, and in their environmental, economic and financial well-being.

"The primary political force that has served to widen the rift between Muslim and Western societies is the widespread perception that there is a double standard as to when universal principles of human rights are championed and when they are ignored," said Shamil Idriss, deputy director of the Alliance of Civilisations.

Eloquent statements in support of democracy lose their relevance when democratically elected governments are shunned and sometimes subverted by powerful countries, according to the report.
...

The Alliance of Civilisations seeks to counter this trend by establishing a model of mutual respect between nations and cultures.
...
Arab-Israeli conflict
One of the major obstacles to bridging the rift between the Muslim and Western societies is the Arab-Israeli conflict.
"We may wish to think of the Arab-Israeli conflict as just one regional conflict among many," said Annan. "It is not. No other conflict carries such a powerful symbolic and emotional charge among people far removed from the battlefield."

"As long as the Palestinians live under occupation, exposed to daily frustration and humiliation, and as long as Israelis are blown up in buses and in dance halls, so long will passions everywhere be inflamed," Annan said.
....
In order to address the issues outlined in their report, members of the High-Level Group offer a number of practical political solutions.

They suggest that a White Paper be created, analysing the Israeli-Palestinian conflict "dispassionately and objectively, giving voice to the competing narratives on both sides", reviewing and diagnosing the successes and failures of past peace initiatives, and establishing clearly the conditions that must be met to find a way out of this crisis. ...."

for full story see:
reported by Mithre J Sandrasagra | United Nations Correspondent http://www.mg.co.za/articlePage.aspx?area=/insight/insight__comment_and_analysis/&articleId=289862